Planteamos cuatro formas de entender al fenómeno del podcasting como puntapié para la reflexión.

Fascinados con el fenómeno, hace un tiempo escribíamos sobre el podcast y planteábamos la tesis de que nos encontrábamos ante una tercera etapa en la acepción del término. Hoy es necesario actualizar aquella propuesta e identificar al menos cuatro grandes grupos de narrativas radiofónicas que se asocian al término podcast. Nos parece relevante entender sus diferencias a fines de comprender mejor el fenómeno y demostrar las múltiples posibilidades que aún tiene el medio sonoro, posibilidades que aún no son reconocidas por la radio tradicional como un mérito propio.

En aquella oportunidad hablábamos del origen del término, asociado a la tecnología de sindicación de contenidos propuesta por la empresa Apple para permitir descargar audios directamente a los dispositivos de la marca.

La palabra “podcast” proviene de la asociación del audio con los productos de la empresa Apple, cuyos desarrollos hacia comienzos de los 2000 produjeron la posibilidad de subir contenidos radiofónicos. (Godinez Galay; 2015, pp. 3-4)

Esta es quizás la acepción más en desuso. Afortunadamente el formato pronto se expandió y el término podcast comenzó a significar cualquier contenido radiofónico grabado y editado, descargable de Internet. Decíamos oportunamente: “Por extensión, comenzó a llamarse podcast a cualquier tipo de contenido radiofónico editado y enlatado, publicado en Internet y plausible de ser descargado en mp3 u otros formatos” (Godinez Galay; 2015, p. 4)

A estas dos acepciones se sumaba lo que llamamos como la “tercera etapa del podcast”, que nos habla del fenómeno por el cual miles de jóvenes realizan sus programas de radio tipo magazine para públicos hipersegmentados, con mínimos conocimientos radiofónicos y basados en la sonoridad de lo cotidiano:

El movimiento podcaster actual entiende a este formato como programas radiofónicos largos, especializados en algún tema, que se hacen de forma independiente, principalmente en vivo pero para ser escuchados en diferido, pues de ese modo se evita la originaria complicación de la emisión por Internet. Solo es necesario grabar con cualquier dispositivo, tener mínimas competencias en cuando a edición, subir el programa y difundirlo. (Godinez Galay; 2015, p. 4)

Si bien estos dos últimos modos de comprender al podcast siguen vigentes y conviviendo, es necesario también hablar de una cuarta forma que viene tomando velocidad y que se distingue muy claramente del resto.

Hablamos de los podcasts seriales. Se trata de historias contadas en radio, generalmente en capítulos periódicos, con una gran preocupación por el guión e hiper editados. Este fenómeno recupera la estructura de presentación y consumo que proponen las series audiovisuales: suelen ser capítulos cortos, salir una vez por semana, poder descargarse o escucharse online, estructurarse en episodios que se continúan y en temporadas que cierran, y su consumo puede ser periódico pero suele ser compulsivo como el de las series (descargarse toda una temporada y verla/escucharla en un par de tardes). Estos proyectos, muy populares en Europa y Estados Unidos se asocian al storytelling, utilizan la ficción, un sonido profesional y estrategias de difusión que se expanden fuera de lo sonoro y aprovechan las herramientas del territorio digital.

Por supuesto que hay hibridaciones y transiciones entre una concepción y otra. De hecho, muchos podcasts del tipo programa se van profesionalizando en sonido, acortando en duración, e intentan asociarse al movimiento del podcast de nuestra cuarta acepción, aunque no dejan de ser magazines muy hablados, poco guionados y con una estética conservadora. De todos modos hay una transición del podcast del tipo programa en su variante más intuitiva, a una versión más prolija, producida y editada, pero sin dejar de tratarse de magazines temáticos que se quedan en la tercera acepción del podcast. Muy distinto a la producción de series de ficción o documental fuera de la concepción del magazine radiofónico (cuarta acepción).

Nos parece necesario en este punto hacer una diferenciación entre las tres últimas acepciones del podcast. ¿Por qué? Porque las tres conviven, y lo hacen bajo un mismo término que no les llega a hacer justicia a sus especificidades; y porque entendemos que no hablamos de lo mismo cuando hablamos de podcast. Si queremos seguir fortaleciendo la radio, primero la radio tradicional debe comprender que la popularidad de estas narrativas sonoras es parte del crecimiento y posibilidades del medio radiofónico; y para eso es menester entender estas narrativas y poner blanco sobre negro en su caracterización.

Llamaremos aquí “podcast piezas sonoras” a la acepción que se caracteriza por ser contenidos diversos de radio como micros, informes, documentales, spots, resúmenes de noticias, editados y descargables por Internet; “podcast magazine” a la acepción vinculada a proyectos de programas radiofónicos de nicho y de larga duración basados en la charla informal y estilo vivo; y “podcast storytelling” a los que se estructuran en series de episodios, basados en la puesta en escena, guionados, editados y con gran calidad sonora. Presentamos, entonces, una sucinta propuesta desde la cual poder seguir pensando el fenómeno, sin ánimo de ser víctimas de una estructuración que no reconozca que a pesar de las clasificaciones, existen matices, hibridaciones y constantes transiciones:

Ahora bien, ¿qué tienen en común estas tres formas sonoras de contar? Casi nada. Lo único que las agrupa bajo el término podcast es que son contenidos sonoros narrativos pregrabados y disponibilizados a través de Internet para su escucha diferida y a través de múltiples dipositivos. Podcast es radio grabada y publicada en Internet. Dentro de ese amplio término, hoy podemos identificar tres formas en que se expresa la renovada actualidad de lo radiofónico y que nos permiten seguir pensando la fortaleza y futuro de la radio.

Fuente: CPR